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La próxima vez que descubra que no hay queso francés en mi nevera, en vez de coger el móvil y alimentar la economía colaborativa (eufemismo), me pondré un impermeable y saldré a comprarlo yo mismo. Ahora pongamos unas cuantas cosas en claro. Glovo es el demonio por una razón muy sencilla. Ofrece un servicio típico de ricos a un precio de lo más asequible. Esto solo es posible de una forma: abaratando los costes hasta el extremo. Pero la principal treta del demonio es hacernos creer que no existe. Levantemos el tupido velo.

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